La noticia sobre la quiero reflexionar en éste reto es la siguiente: Maestrías para romper el techo de cristal
Los tres aspectos clave que me han llamado la atención y me han hecho reflexionar de éste artículo son el síndrome de la impostora, la sobrecualificación y la falta de representatividad.
El primero de ellos, por desgracia, creo que nos llevará muchos años todavía erradicarlo de nuestra sociedad. A mis 39 años considero que no recibí una educación especialmente machista, pero sí que he visto en mi familia y en mi entorno más inmediato cómo el rol de mujer era trabajar en casa y cuidar de la familia. Ambas tareas especialmente intensas y poco reconocidas socialmente. Hay muchas niñas y niños creciendo y observando que ése es el orden natural de las cosas, más aún cuando eres madre. Lo ven natural, lo han interiorizado: las mamás cuidan, los papás son un desastre con las tareas de la casa. Por lo tanto llego a la conclusión de que el síndrome de la impostora nos perseguirá mucho tiempo todavía porque las mujeres aún no nos creemos, desde bien pequeñas, que tenemos el derecho a desarrollarnos profesionalmente en cualquier sector y llegar hasta donde queramos llegar, sin tener la responsabilidad a nuestras espaldas de cuidar de todo y de todos.
Respecto a la sobrecualificación, siempre he tenido la impresión de que es algo más generacional que de género en sí, no he tenido datos sobre ello pero observando mi entorno he visto cómo cada vez se ha pospuesto más el iniciarse en el mundo laboral para completar la formación teórica. Considero que deben ponerse en valor otros aspectos más relacionados con las capacidades personales y restar importancia a la inmensidad de másters y cursos de perfeccionamiento que existen en el mercado.
Para último, en cuanto a la representatividad, opino que está claramente ligada a lo que se expone en el vídeo del intercambio de bebés: a los niños se les ofrecen juguetes y opciones de desarrollo siempre más físicas que emocionales, a las niñas se le presentan siempre juegos como cuidadoras, enfermeras, mamás, maestras... Así inevitablemente se llega a nuestra realidad: los perfiles técnicos siempre son cubiertos por hombres en su mayoría. Tengo un claro ejemplo en el pasillo de la subdirección dónde trabajo: de 15 ingenieros de caminos, canales y puertos, tan sólo una persona es mujer.
Soy pesimista en mis conclusiones, lo sé, pero creo firmemente que para tener una sociedad más igualitaria, hay que cambiar demasiadas cosas desde la raíz, desde cada casa, y sólo con unos buenos cimientos igualitarios, conseguiremos avanzar.
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